Becarios, Stagier, pasantes y demás parafernalia capitalista.

 

 

El lenguaje es el arma más poderosa que el ser humano utiliza para cambiar la realidad a su antojo, y es que las palabras pueden describir unos hechos o conceptos de forma muy ajustada y fiel, o producir el efecto adverso, es decir alejarse de ellos, haciendo que la palabra misma se convierta en la fórmula para ocultar la verdad.

Dicho así y de pronto, me surgen varios ejemplos, cuando en este país empezó la crisis allá por el 2007/08, desde la unión europea (que recordemos es la ‘’organización de acreedores europeos’’) se dijo que los países del sur de Europa estaban experimentando una ‘’desaceleración económica’’ cuando se referían a una recesión de caballo provocada por una crisis galopante; Un poco más tarde y sin moverme de este país, el gobierno de D. Mariano Rajoy con su ministro de hacienda a la cabeza proclamo una pequeña ‘’amnistía fiscal’’ para ‘’regularizar la situación de fondos opacos’’ vamos lo que viene siendo permitir que grandes fortunas blanqueen el dinero que tenían en paraísos fiscales y que permanecía oculto a la hacienda española; para acabar uno de mis eufemismos preferidos y que sin duda es fruto de la crisis es el de ‘’procedimiento de ejecución hipotecaria’’ que desde luego es un tecnicismo jurídico muy acertado, pero que no refleja con claridad que se trata de un desahucio, instado muy posiblemente por un banco que le coloco al pobre cliente varias cláusulas que con el tiempo se demostraron nulas.

No me extenderé en dar más ejemplos, que los hay, porque la idea que se desprende de todo ello es clara, y es que los eufemismos y la descontextualización, tiene como objeto naturalizar una situación ilegal, o de abuso.

Ahora volvamos a examinar más detenidamente la situación que hay detrás de Becarios, Stagier o pasantes; Cual es la naturaleza de una relación de este tipo y que ventajas aportan a una y otra parte del contrato o convenio.

Desde que el capitalismo nace de forma práctica pongamos a los albores del Siglo XVII a través de las relaciones productivas en un contexto social y ya de forma más brusca y evidente con la revolución industrial, el ideal del empresario ha sido es y será el uso de mano de obra al menor coste posible pues esa es una premisa fundamental para la bajada de costes y el aumento de la productividad, por eso la inventiva ha ido en aumento y ya en el último siglo han ido apareciendo fórmulas de trabajo a cambio de pago en especie o incluso de trabajo a cambio de formación.

Yo no niego que estas fórmulas puedan, en algunos casos, suponer una ventaja competitiva o incluso necesaria para integrarse en algunos procesos productivos o un aprendizaje imprescindible para la prestación de determinados servicios.

El problema aquí sobreviene cuando la relación de intereses se decanta en la balanza de forma muy evidente hacia la parte del trabajador, y voy a poner ejemplos muy claros sobre este tipo de intereses:

  1. El estudiante de derecho que al acabar la carrera se pone en el despacho de un abogado mayor, aprende poco a poco el trabajo, sin embargo este trabajo no supone una ganancia efectiva para su jefe porque debe ser constantemente corregido y ampliado o perfeccionado, de ahí que la balanza este equilibrada porque el tiempo y esfuerzo que su jefe dedica a enseñarle compensa la posible productividad del pasante.
  2. Vayamos ahora al ejemplo de la cocina, y es que el stagier supuestamente está aprendiendo y haciendo curriculum en un restaurante de reconocido prestigio, sin embargo la primera vez que emplata o realiza uno de los fantásticos platos de degustación del chef, es evidente que aprende esa técnica, sin embargo las 1.500 veces siguientes que efectúa ese trabajo es una herramienta productiva, también lo es cuando limpia y friega todos los cacharros usados en el servicio o cuando realiza tareas para las que ya está formado, como pelar patatas, cortar cebollas etc. Por lo tanto aquí la balanza queda absolutamente decantada a favor del empresario, que obtiene los frutos del trabajo sin coste alguno o a muy bajo coste bajo la falsa premisa de que por su aprendizaje allí, obtendrá un trabajo en otro sitio muy bien remunerado, cosa que desde luego es imposible garantizar.

Ambos ejemplos, dejan claro que el sistema de becarios, pasantes o stagier’s, debe ser analizado con la casuística y es que cada caso concreto deberá ser ponderado para observar si se cumplen con los requisitos de formación y de productividad, pues de ambos elementos surgirá con seguridad el plus de valor que hace que esas fórmulas de contratación sea acordes a la lógica y en esencia justos.

Cuando esas relaciones estén distorsionadas es inevitable pensar que lo que sucede, es que se utilizan esos eufemismos como parte del abuso al obrero, que observa como la dinámica laboral en la que se ve inmerso gira entorno a la explotación y al desasosiego de ver como se normaliza la explotación laboral a la que se ve sometido, sin ni si quiera saber si eso le conducirá con el tiempo a una mejora de sus condiciones, por eso es bueno recordar que lo que sucede hoy, no es más que las previsiones que ya en su día contemplaba Marx en la magnífica obra El Capital, que en su capítulo XIV en lo referente al Plusvalor absoluto y relativo sentenciaba:

‘’…la producción del plusvalor absoluto consiste simplemente, por un lado, en la prolongación de la jornada laboral más allá de los límites del tiempo de trabajo necesario para la subsistencia del propio obrero, y por otro en la apropiación del plustrabajo por el capital. Este proceso puede ocurrir, y ocurre, sobre la base de modos de explotación que se conservan históricamente sin la intervención del capital. No se opera entonces más que una metamorfosis formal, o, en otras palabras, el modo capitalista de explotación sólo se distingue de los precedentes, como el sistema esclavista, etc., por el hecho de que en éstos se arranca el plustrabajo por medio de la coerción directa, y en aquél mediante la venta “voluntaria” de la fuerza de trabajo.’’

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